¿Existe un voto católico en Chile?: la pregunta que se hacen Kast y Boric sobre un electorado disperso

The Clinic, 16 de diciembre 2021

En los tiempos de Frei Montalva, el voto católico era una fuerza política clave, dicen los expertos. Pero con la dictadura, la transición, y el destape de los abusos sexuales dentro de la iglesia, este se fue dispersando. Hace poco, una serie de organizaciones católicas se pronunciaron a favor de Gabriel Boric. En ese contexto, The Clinic conversó con historiadores, un senador católico y un obispo, entre otros, para esclarecer si estamos ante una rearticulación de este electorado.

El catolicismo en Chile está a la baja. Y desde hace tiempo. Al menos así lo plantea la última Encuesta Bicentenario UC, que en su edición 2019 determinó que, entre quienes dicen profesar alguna religión, el 45% se identifica como católico. Esa cifra representa una caída de 13 puntos porcentuales comparado con 2018, el salto interanual más grande desde que la medición comenzó a aplicarse en 2006.

La tendencia quedó demostrada en la visita del papa Francisco a Chile, en enero de 2018, cuando el país se preparó para una concurrencia masiva de feligreses, pero se encontró con que, en el momento de la verdad, la asistencia fue menor a la esperada.

Sin embargo, los católicos siguen siendo el grupo de creyentes más numeroso, según la misma encuesta. Ante la pregunta “¿Qué religión profesa?”, detrás de la opción “católica” está “ninguna/ateo” con un 32% -creció en 11 puntos de 2018 a 2019-, seguido por “evangélica” con un 18% y “otra religión”, con un 5%.

Entrando al detalle, la encuesta muestra que la población católica son principalmente mujeres, desde los 45 años para arriba, y provenientes de los estratos socioeconómicos “medio” y “bajo”.

En paralelo, la confianza en la iglesia católica mejoró de 2018 a 2019, pasando de un 16% -entre quienes se declararon católicos- al 28%. Así se rompió una caída sostenida en la confianza, observada desde 2013.

Con todos estos datos, queda más o menos clara la fotografía del estado del catolicismo en el país. Pero ahora, por el ciclo electoral ad-portas de la segunda vuelta, surge una pregunta clave: ¿Cómo votan los católicos en Chile? ¿Hay algo así como un “voto católico”? Y si existió de manera más evidente en el pasado, ¿Cuál fue su edad de oro?

El sondeo de la UC da algunas luces al respecto, al menos sobre la articulación de los creyentes por medio de la iglesia. A quienes se identificaron como católicos se les consultó si “se debería tomar más en cuenta a la iglesia a la hora de tomar decisiones públicas”. Solo un 27% -8 puntos menos que en 2011- respondió afirmativamente.

Pero el surgimiento de una declaración, hace algunas semanas, de personeros y organizaciones católicas a favor de la candidatura de Gabriel Boric instaló otro debate: ¿Se reactivó el voto católico para estos comicios?

En definitiva, queda mucho por responder. The Clinic conversó con historiadores, analistas políticos, laicos e incluso miembros del clero para identificar de qué estamos hablando cuando nos referimos al “voto católico” chileno.

La mirada histórica

La relación entre la sociedad chilena y el catolicismo tiene una raigambre antigua. Como explica el historiador y experto en la iglesia católica, Marcial Sánchez, “el mundo católico llega con los españoles. Y no llega solamente como una religión: llega como una cultura. Es la imposición de la cultura. Es decir, una forma de pensar, una forma de sentir, de actuar, que es determinada”.

Bajo ese contexto se entiende que el Estado chileno recién se separara de la iglesia en 1925, de la mano de la Constitución Política promulgada ese mismo año.

Entonces, los albores del voto católico, opina Luis Bahamondes, historiador, doctor en Ciencias de la Religión y académico de la Universidad de Chile, se observan en el siglo XIX, por esta “ligazón de la iglesia con el Estado”, que “permitió que aquellos votantes católicos hicieran suyos los idearios promovidos por sectores conservadores, lo que implicó la defensa irrestricta, durante décadas, de las Constitución de 1833”. Esa Carta Magna, recuerda Bahamondes, “otorgaba la calidad de religión oficial al catolicismo y excluía el ejercicio público de cualquier otra”. Por ende, “es quizás una de las etapas de mayor impacto del votante de identificación católica”, concluye.

Según Sánchez, hubo un hito que implicó que “por primera vez en un mundo católico, se empieza a rechazar una instancia gubernativa, y empieza a organizarse a través del Partido Conservador”. Esto se dio, afirma, por las leyes laicas promulgadas en la década de 1880 en el gobierno del Presidente Domingo Santa María, que introdujeron los conceptos de matrimonio civil, y registro civil, dos funciones públicas que, anteriormente, eran de exclusiva responsabilidad de la iglesia.

“Desde esas leyes laicas en adelante, te encuentras con una organización católica y política que empieza a germinar en este país fuertemente, y también con grupos católicos que se dan cuenta que tienen que tener una mayor inserción en esta cultura católica que va modernizándose”, comenta Sánchez. Ya con la separación iglesia-Estado, agrega, va gestándose el surgimiento de la Falange Nacional, que más tarde derivaría en el Partido Demócrata Cristiano (DC).

Existiría un “momento cúlmine” del voto católico en Chile, de acuerdo con Sánchez. Este sería en la elección de Eduardo Frei Montalva, en 1964. En esa instancia, había “un grueso importante católico con un discurso sobre una democracia en profundidad, una democracia en libertad, pero una democracia que efectivamente iba de la mano con las encíclicas de la época”. También aparece “el discurso de la pobreza”, dice. De que tenía que “haber una distribución del ingreso adecuada para poder erradicar la pobreza”.

Caracterizando al votante católico de la época, Marcial Sánchez señala que “venían de todos los sectores de la sociedad. De los sectores más pobres, como también de los sectores más acomodados. Y venían también de estos últimos porque asumían que ellos tenían que ser entes de evangelización política”.

Luego, vino el golpe militar y la dictadura. En esos tiempos, según Sánchez, la iglesia hizo el ejercicio de “colocarse en el dolor ajeno”, con una gran cantidad de religiosos que hablaban “en contra del dictador”. Esto habría derivado en que el votante católico se inclinara por el No en el plebiscito de 1988. “Y votaron No porque no querían más dolor”, dice el historiador.

Pero con el retorno a la democracia, el voto católico se empieza a “diseminar”. “Creo que la última gran votación católica pudo haber sido con Frei Ruiz-Tagle. Ahí muere”, comenta Sánchez, argumentando que, después del año 2000, entramos a un “mundo posmoderno”, quedando atrás el “discurso colectivo de la modernidad”, con electores que optaban por candidatos que pudieran cumplir con “estándares hasta personales y particulares, pero no necesariamente por temas ideológicos religiosos”.

Y fueron los abusos sexuales de parte de sacerdotes, que se destaparon en el siglo XXI, lo que finalmente quebró el voto católico, indica Sánchez. Hoy, el experto opina que el voto católico “no es relevante”. “Si tienes un 45% de la población que dice que es católica, esa población, al estar diseminada, no es relevante”, concluye.

Luis Bahamondes resume todo el proceso de la siguiente manera: “En el pasado, en un país donde la fragilidad de la división Iglesia-Estado (1925) daba cuenta del poder del catolicismo, y donde el sello identitario de la religión permitía caracterizar a los sujetos a partir de una comunión con preceptos morales, los partidos políticos de corte conservador representaban el ideario de ciertos sectores de la población”.

“Sin embargo, las transformaciones socioculturales que el país fue experimentando de manera acelerada desde la restauración de la democracia, así como la pérdida de confianza de la iglesia católica chilena, gatillaron paulatinamente un proceso de “desanclaje identitario para ciertos segmentos, que vieron en la religión un obstáculo para avanzar en demandas sociales relevantes y garantizar un mayor grado de libertad”, sintetiza Bahamondes, citando para esto último proyectos como la ley del divorcio, o la del aborto en tres causales.

El análisis político

Mauricio Morales, politólogo y académico de la Universidad de Talca, aporta con una visión desde el ámbito de la ciencia política. “El voto católico fue mucho más visible en Chile entre 1932 y 1970, cuando los católicos eran más proclives a los partidos conservadores. Desde 1957 en adelante, junto con el surgimiento de la DC, los católicos comenzaron a adoptar una postura más de centro centroizquierda, particularmente con la consolidación de la DC como un partido líder de esa época, con el gobierno de Frei Montalva”.

La tendencia se revertiría con el tiempo. “El voto católico acompañó buena parte de la década de los ’90 a la DC, pero luego, con el aumento del volumen electoral de la UDI, este se fue transformando en un partido mucho más ‘religioso’, en comparación con la DC. Desde fines de la década de los ’90, los católicos más intensos -que asisten mucho a la iglesia- comenzaron a migrar hacia la UDI, y comenzaron a abandonar a la DC”, dice Morales.

“Hoy, el mundo católico está distribuido, sin un patrón ideológico muy claro en comparación con décadas anteriores, y menos aún en un escenario electoral de estas características. A priori, da la sensación de que los electores católicos más intensos y practicantes tienen una tendencia a apoyar más a José Antonio Kast, debido a las propuestas valóricas que este defiende, y al origen religioso del que este procede (…). Mientras que el mundo menos practicante tiende a manifestar una tendencia electoral más de centroizquierda”, proyecta el doctor en Ciencia Política.

Las enseñanzas del Papa

Quizás una de las mayores interrogantes sobre este tema es cómo debiese (si es que debe) votar un católico, de guiarse por los preceptos del evangelio, las encíclicas del Papa, y las directivas del clero.

Desde la Conferencia Episcopal de Chile (CECh) han difundido algunos escritos con respecto a los distintos ciclos electorales chilenos. La más reciente fue una declaración tras la 124° Asamblea Plenaria de la CECh, con fecha 12 de noviembre de 2021. En su punto dos, menciona que “como pastores confiamos que participen activamente todos quienes pueden votar”. En el documento no se decantan por ninguna opción en particular, pero sí urgen a tener “un compromiso decidido y claro en contra de la violencia como forma de acción política”.

Otro ejemplo de este tipo de pronunciamientos vino el 9 de octubre de 2020, cuando días antes de la votación del plebiscito por la nueva Constitución, la CECh señaló que “la participación política es un asunto de gran relevancia para quienes adherimos a la enseñanza social que la Iglesia propone, desde el evangelio de Jesucristo”. No obstante, y al igual que los otros textos, no toma partido por un bando.

De todas formas, Marcial Sánchez sostiene que, sobre el tema de la participación política, “los católicos, o los realmente católicos, siguen al Papa. Y el Papa ha dicho literalmente que el capitalismo y el neoliberalismo no engendra igualdad, si no desigualdad humana”. El historiador se refiere a la encíclica “Fratelli Tutti” del Papa Francisco, publicada en octubre de 2020, y específicamente al punto 168, donde dice, entre otras cosas, que “el mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal”.

Discursos cruzados

Aunque en general la CECh opta por no plantear lineamientos concretos para el voto en sus declaraciones, existen jerarcas del clero que sí lo hacen. Es el caso, por ejemplo, del obispo de San Bernardo, monseñor Juan Ignacio González Errázuriz.

En la semana previa a la primera vuelta de 2021, González publicó en el sitió del obispado un mensaje llamando a votar “con conciencia recta y verdadera”. En la misiva, el obispo expone sobre la existencia de “principios no negociables” a la hora de elegir autoridades políticas, y exhorta a los católicos a “hacer una reflexión antes de emitir el voto, para conocer si estos principios esenciales son compartidos por los candidatos por los que se tiene preferencia o, por el contrario, son ignorados o pasados a llevar abiertamente en sus programas, dichos y declaraciones”.

Entre los principios no negociables que enumera el sacerdote están la “protección de la vida en todas sus fases, desde el primer momento de su concepción hasta su muerte natural”, y el “reconocimiento y promoción de la estructura natural de la familia, como una unión entre un hombre y una mujer basada en el matrimonio”, al contrario de “las formas radicalmente diferentes de unión que en realidad la dañan y contribuyen a su desestabilización”.

Una mirada distinta es la que plantea, en cambio, Sergio Pérez de Arceobispo de Chillán y Secretario General de la CECh. En una columna publicada en 2020, Pérez de Arce aseguró que “la mayoría de las veces, en situaciones menos dramáticas, no es posible afirmar claramente que una concreción política es más evangélica que otra”.

Consultado por The Clinic sobre si mantiene esa postura para el actual ciclo electoral, el obispo dice que “no es posible afirmar que una de las opciones en juego en esta elección sea más evangélica que la otra. Las dos tienen zonas grises, por cosas que han sostenido o dejado de hacer”.

Menciona que “en Kast, su simpatía por Pinochet pone una interrogante sobre su adhesión a una mirada integral de los derechos humanos; ciertas posturas económicas lo acercan a posiciones neoliberales más radicales; apoyó a candidatos con discursos horribles sobre la mujer y su dignidad. Boric, por su parte, representa a un sector que ha sido tibio o ambiguo con la condena a la violencia; tiene una postura muy liberal frente al aborto, donde no parece existir ningún derecho ni dignidad de la creatura que está por nacer; y creo que a su sector le falta una mejor comprensión del hecho religioso en la sociedad”.

Pérez de Arce complementa su análisis afirmando creer “que no hay un voto católico, y no lo ha habido en la historia reciente del país, y lo percibo en los católicos que conozco, que tienen distintas opciones políticas. Hay católicos de derecha, de centro y de izquierda, y también apolíticos”.

En esa línea, destaca que “esto tiene un aspecto positivo: la realidad sociopolítica tiene una autonomía y una consistencia propia y el creyente actúa con libertad en ella, de acuerdo a su conciencia. Pero quizás tenga un aspecto negativo, pues a veces los católicos no asumimos posturas más decididas ante realidades que atentan contra la dignidad humana, y que son llevadas adelante o toleradas por determinados regímenes políticos”.

Católicos por Boric

Fueron cientos de laicos y organizaciones católicas las que firmaron la declaración “No nos robarán la esperanza”, una carta en apoyo a la candidatura de Gabriel Boric que se difundió a principios de diciembre.

“No es posible callar en estos momentos que vivimos como país. No es posible mirar la realidad desde el balcón de la neutralidad”, es una de las frases que contiene el texto. Más adelante, afirman que “nos duele que el apelativo de cristiano pretenda ser apropiado por un programa y una candidatura (del Frente Social Cristiano, de Kast) que, según lo que entendemos, dista tanto del proyecto del Reino anunciado por Jesús de Nazaret”.

Entre los firmantes están grupos como Mujeres Iglesia, la Red de laicas y laicos de Santiago, y diversas Comunidades de Vidas Cristiana (CVX), entre otros. También aparece el nombre del senador de Revolución Democrática, Juan Ignacio Latorre.

“Hay religiosos y laicos, hombres y mujeres a lo largo de todo Chile, que frente a esta apropiación del mensaje cristiano por parte de Kast, de la extrema derecha conservadora, de este Frente Social Cristiano, que obviamente no nos sentimos representados. Como estamos muy muy lejos de la forma y el fondo de ese contenido o ese mensaje, decidimos hacer pública esta declaración”, explica Latorre a The Clinic.

Sobre la idea de un “voto católico”, el legislador opina que, en Chile, “representa una diversidad política”, que se ha adherido con partidos desde la DC en la Concertación, hasta RN, la UDI, y más recientemente el Frente Social Cristiano. “Pero claro, hay una iglesia también que se identifica con posiciones de izquierda, con posiciones críticas al neoliberalismo. Yo diría, con el mensaje del Papa Francisco, muy proclive, por ejemplo, a los movimientos populares”, agrega.

Nevenka Álvarez (47) fue una de las personas que articuló los distintos movimientos para sacar adelante la declaración por Boric. Durante casi 30 años, Nevenka fue religiosa en la congregación de las Hermanas Franciscanas Misioneras de Jesús, concretando su salida hace pocos meses. Hoy, en La Serena, trabaja haciendo clases de religión en un colegio, y en la Corporación Padre Baeza. Es parte de diversas organizaciones católicas -como Mujeres Iglesia-, y actualmente se define como laica, y parte de la base católica chilena.

“Dios hace una opción preferencial por el oprimido y no por el opresor. Rechaza al opresor (…). Estamos por el programa de Boric porque se sintoniza y representa lo que tratamos de vivir como el anuncio del Reino: leyes más solidarias, más humanas, más inclusivas”, señala Nevenka al explicar su postura.

Ante las propuestas progresistas de Boric en materia valórica, como su apoyo al matrimonio igualitario o el aborto, Nevenka dice no ver contradicciones con sus creencias.

“Dentro de las agrupaciones que hicimos esta declaración está la Pastoral de la Diversidad Sexual (Padis). Tenemos un montón de hermanos y hermanas de la comunidad que tienen una orientación sexual distinta, por lo que no entramos en conflicto con aquello. Y volviendo al tema bíblico, Jesús en ningún momento hace una recriminación o reproche al tema moral sexual. Él va más a la moral social”, afirma.

Sobre el aborto, Nevenka opina que hay que tener en consideración que hay “mujeres que tienen la necesidad de acudir a un aborto clandestino, porque la situación económica de la casa no da para más”. Y se pregunta: “Nosotros como iglesia, ¿Qué tenemos que hacer? Acompañar. Somos provida, pero desde la concepción hasta sus últimos días. Ahora, la vida aquí la vemos en la parte laboral, ambiental, relacional. No nos quedamos solamente con el porotito que es concebido. No. La vida, la defensa de la vida, es en todas sus expresiones (…). Creo que la mayoría estamos por un tema de acompañar, que sea de manera humana, no de recriminar. Con misericordia, con cariño y profesionalmente”.

El obispo Sergio Pérez de Arce considera que la declaración es “legítima e inspirada en el deseo de una sociedad más justa que pone en el centro la dignidad humana, pero eso no significa que tenga que interpretar a todos los católicos”, resaltando que también le parece legítimo “que otros católicos, haciendo también un discernimiento inspirado en su fe, puedan llegar a otras conclusiones”. No obstante, desliza una “crítica” al documento, al afirmar que “tiende a ‘canonizar’ con demasiada generosidad un proyecto (el de Boric) y a demonizar con demasiado simplismo al otro (el de Kast), y seguro que las cosas tienen más matices y tonalidades”.

¿Una rearticulación del voto católico?

La iniciativa de católicos por Boric abre el debate sobre si estamos ante una rearticulación del voto católico. En esto, hay distintas apreciaciones.

A juicio de Luis Bahamondes, la declaración “no corresponde a una rearticulación del ‘voto católico’, que de ninguna forma debe ser visto como un conglomerado homogéneo. Es más, desde mi punto de vista no existe como tal. La crisis institucional de la iglesia no solo ha implicado una desafección importante, sino también ha visibilizado aún más la diversidad de formas de vivir la religión, lo que lo convierten en un electorado líquido y de difícil identificación política. Cabe preguntarse: ¿vota de la misma forma un católico de elite que un católico popular?”.

Al contrario, Marcial Sánchez opina “que hay una rearticulación católica en torno a la candidatura de Boric”, que se explica por el auge de una figura como Kast, “que nos trae al recuerdo, a los más viejos, de épocas que no queremos que vuelvan a pasar en nuestro país. Las épocas de Krassnoff (…). Y más aún, emerge un partido que se pone el apellido de cristiano, que de cristiano tiene bien poco”.

Juan Ignacio Latorre, por su parte, dice que la articulación de católicos ya existía, marcada por la diversidad ideológica de los creyentes, pero que la declaración “la hace más visible”, mientras genera un “debate político al interior de la iglesia”.

Nevenka Álvarez, en cambio, es tajante: “Esto estalló ahora nomás, porque se vio muy polarizado el voto entre Kast y Boric”.