Pensar la nueva normalidad postcoronavirus

Columna de opinión, El Mostrador 9 de mayo 2020

Por Juan Ignacio Latorre y Pedro Pablo Achondo.

Si alguna vez creímos que la filosofía o el ejercicio colectivo e individual del pensar era secundario respecto de la política pública o de la vida en común, la pandemia -con total e ingenua sorpresa- nos ha enrostrado todo lo contrario. La pandemia y su diversidad de expresiones y desigualdades nos han hecho caer en la cuenta de la necesidad de pensar el mañana, el después o, como se ha denominado, “esa” nueva normalidad. ¿Cómo construir un habitar con sentido y con capacidad de respuesta ante las problemáticas sociales? ¿De qué forma administrar los bienes de todas y todos para que nadie padezca lo que esta pandemia ha develado y, en no pocos casos, agudizado? De alguna forma lo que presuntamente estaba oculto o era desconocido nos ha saltado a la vista. No todas las personas  padecemos la pandemia de la misma manera, y en general, no todo el mundo  posee las alternativas, herramientas y posibilidades de reconstruir la vida en medio de la cuestionada y agónica -esperamos- vorágine capitalista.

Llegó a nuestras manos el libro “La cruel pedagogía del virus” del sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos. Varias de sus reflexiones nos parecieron relevantes y pertinentes respecto de nuestro contexto chileno. Boaventura toma distancia de aquellas miradas ingenuas que piensan que una transformación socioeconómica o cultural es inminente.  Al mismo tiempo, nos recuerda que cualquier alternativa no será tan fácil de imaginar, precisamente porque nuestras democracias neoliberales se han encargado de eliminarlas de todo debate político. Ante ello, el escenario no es muy alentador si se espera “tener un tiempo para pensar el futuro”, ya que, seguramente, nos encontraremos sumergidos en una profundización de las desigualdades, en un nuevo Estallido Social incubado por la inoperancia del propio Gobierno. De regreso de las demandas sociales, seguiremos participando de todas las medidas y presiones ante la crisis ecológica y manifestaciones por una vida digna.Duro escenario. La alternativa, creemos, será empujada por otros territorios, más pequeños, mejor organizados, acotados a barrios y movimientos sociopolíticos y ecológicos de base, donde una real democracia participativa y una cooperación solidaria comience a gestarse.

Por otro lado, de Sousa Santos, apuesta por los “intelectuales de retaguardia” y ya no más por aquellos que persisten en situarse en la vanguardia y representarse alguna vocería. Esos tiempos ya pasaron y el pueblo, por culpa de ellos, ha quedado a merced de quienes, según el sociólogo, “hablan su lenguaje”: fanáticos religiosos, políticos populistas y aprovechadores, figuras ultraconservadoras que rayan en lo absurdo y apologistas de dominación capitalista, colonialista y patriarcal. Todo ello es sumamente peligroso y desafía a los académicos, políticos y cientistas sociales que siguen lejanos a las demandas, a la vida concreta de la ciudadanía y del pueblo que sufre sus efectos o estragos. Esta idea de la retaguardia nos parece sumamente interesante. Es una apuesta por cambiar la perspectiva y ahondar en la humildad. No nos convencen soluciones facilistas frente a la complejidad de nuestra sociedad, ni tampoco un manejo empresarial “desde arriba” y “desde lo oculto”. No nos satisfacen segundos pisos ni demasiadas comisiones de expertos, mientras la gente debe decidir entre una cuarentena en casa o pasar hambre por no poder trabajar. ¿Qué clase de dilema ético es ese? Uno ficticio, por cierto. ¿Qué clase de aislamiento le exigimos a aquellos que habitan la ciudad, pero “sin derecho a la ciudad”?

La retaguardia se transforma en una postura política. Y ella nos exige hacer las cosas de otro modo. De Sousa afirma que la pandemia ha terminado por evidenciar que el capitalismo no tiene futuro. “El capitalismo podrá subsistir como uno de los modelos económicos de producción, distribución y consumo entre otros, pero no como el único y mucho menos, como el que dicta una acción del Estado y de la sociedad”, afirma. Pero para que ello acontezca es necesario comprender que los procesos civilizatorios no son los mismos que los procesos políticos. Que la gobernanza y sus aparatos biopolíticos de poder no pueden ni deben imponerse por sobre la dignidad, la libertad y la posibilidad de imaginar un futuro. Hoy el futuro es incierto y la transformación ecosocial es urgente. Pensar en ella debe llevarnos a cambiar lo que haya que cambiar. Si no, la vida sobre el planeta corre el riesgo de seguir dando vueltas y que estas sean cada vez más violentas y peligrosas. El “ciclo infernal del capitalismo”.

Las alternativas hay que pensarlas colectivamente, es necesario apoyarnos y colaborar en la promoción de valores e ideas que vayan configurando la posibilidad de esos nuevos escenarios de esperanza y justicia. En esa línea nos parecen no solo sugerentes sino fundamentales los cinco puntos planteados por la socióloga Maristella Svampa y el abogado Enrique Viale, ambos argentinos y agudos activistas del medioambientalismo. Hace una semana presentaron el “Gran Pacto Ecosocial y Económico”  contemplando la imposibilidad de volver a la antigua normalidad. En este Pacto se presentan las siguientes directrices: un Ingreso Universal Ciudadano, una Reforma tributaria progresiva, la suspensión del pago de la Deuda Externa, un Sistema nacional de cuidados y una apuesta seria y radical a la Transición socioecológica. Aquí no profundizaremos en ellas, pero nos sirven para ilustrar que el paso necesario no es de carácter local. Que nos sentimos invitados a sumarnos al gran movimiento de reflexión urgente y necesario para no volver a una realidad deshumanizadora e insostenible como la que teníamos (y tenemos, no hay que olvidar). Para que seamos y estemos lúcidos frente a los escenarios que hay que poner en discusión. Es importante evitar abstracciones y las ingenuidades de las que Boaventura de Sousa nos alertó.

Es inútil llenar paneles de políticos en matinales discutiendo sobre ellos mismos, donde no se presentan proyectos ni discuten ideas en vistas del bien común y las alternativas sociopolíticas que llevamos décadas esperando y que desde el Estallido es imposible seguir retrasando. Los cambios esperados son mucho más profundos de lo que se escucha en dichos paneles. Estamos hablando, con de Sousa y Svampa, de transformaciones civilizatorias, de un cambio de paradigma que signifique superar el colonialismo, el patriarcalismo y el capitalismo. De una nueva relación y comprensión con la Naturaleza y sus Derechos, de la aplicación de una ética del cuidado a toda escala, de redistribuir en base a la justicia social los ingresos destinados a las FF.AA, de asumir la “causa de los niños” de manera seria y concreta; y de comprendernos como un pueblo pluricultural y diverso, entre otras. Si aún no estamos dispuestos a situarnos en ese horizonte, continuarán los estallidos, las pandemias, los abusos, la especulación financiera y los ombliguismos partidistas de los que la ciudadanía ya está cansada.